
Ya llevaban poco más de tres horas conversando en esos viejos sillones roñosos. No hablaban de algún tema en especifico: algo sobre la vida, el amor, el futuro ... las típicas tonteras que uno empieza a conversar con unos cuantos vasos de vino en el cuerpo.
La luz comenzaba a atenuar, la música sonaba bastante agradable e hipnótica mientras el humo de cigarro dibujaba espirales azulinos por todo el lugar. Fue en un silencio, cuando prendían el cuarto cigarrillo de esa tarde, que descubrieron la futilidad de aquella conversación. Eran dos mundos completamente diferentes que en un montón de palabras prestadas intentaban encontrase. Lo sabían. ¿Pero qué otra cosa podían hacer? se miraron y sus rostros esbozaron una leve sonrisa. Era tan absurdo, eso los hizo reír, pero sin decir palabra alguna levantaron sus vasos bebiendo un gran sorbo de vino con néctar y siguieron hablando como si no lo supieran. Era uno de los tantos juegos que les gustaba jugar...